19.11.07

Vivir con Hunter S. Thompson

A lo largo de los años mucha gente me ha preguntado cómo era ser el asistente de Hunter Thompson. Sólo decían: "¿Cómo era eso?". Algunas veces eran especificaban algo más: "¿De verdad hizo todo eso de lo que escribió?", que es algo así como un rodeo para preguntar: "¿Estaba tan loco como parecía?". Ésa es fácil: la respuesta corta a casi cualquier pregunta sobre Hunter normalmente es sólo "Sí".
Lo cuenta en Men's Vogue Corey Seymour, que fue asistente personal de Hunter S. Thompson durante más de diez años en los 90, y se vio arrastrado con él al corazón del periodismo gonzo.
En una época en la que yo ganaba 18.000 dólares al año y me costaba pagar el alquiler, había mañanas en las que, en lugar de sentarme en mi escritorio de la revista a responder llamadas y teclear datos, estaba esnifando cocaína y bebiendo bloody marys con inmensos desayunos del servicio de habitaciones en una gran habitación del Carlyle, mientras escuchaba el Goats Head Soup, leía los periódicos y hablaba de política, de El gran Gatsby y del mejor modo de volar un jeep en mil pedazos.
(...)
Otro problema era que se suponía que una parte central de mi trabajo consistía en conseguir que Hunter se pusiera a trabajar en sus encargos. (...) Llegué a considerar una victoria de cierta importancia lograr meter una hoja en blanco en la Selectric con Hunter sentado delante de ella. De vez en cuando avanzaba un poco, y aunque su devoción (u obsesión) hacia la palabra y la frase perfectas era asombrosa, su ritmo glacial me enfurecía. Una vez, después de aguantar (léase, ignorar) mi angustia por cómo se acercaba la fecha de entrega, inclinó la cabeza, y con una media sonrisa, casi beatíficamente, me dijo: "Dios mío, Corey. ¿De verdad te crees que es así de fácil?". Después me hizo llamar al servicio de habitaciones para pedir todo el cóctel de gambas que tuvieran y una bandeja de mai tais.
(via Brijit)

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