30.10.08

Bomba

Leo, por ejemplo, lo que publiqué esta mañana y confirmo mi impresión incubada durante las últimas semanas de que vivo con retraso. Hoy, la sexta vez que le ponen una bomba a mi universidad, quizá este llegar tarde crónico tenga una ventaja: puedo robarle a los amigos las palabras que no encontré ni casi tuve tiempo de buscar, mientras andaba a la caza de otras.
Es jueves, once de la mañana, estoy en clase de CIE2 Ficción, en el edificio de Comunicación de la Universidad de Navarra. ¡Brommm!
"No ha sido un rayo, ha sido una bomba", digo a los alumnos.
Entre los alumnos empiezan los nervios.
"Este edificio es un búnquer, tranquilos". El edificio de Comunicación de la Universidad de Navarra tiene paredes de hormigón. Siempre he dicho, medio en broma medio en serio, que aguantaría un bombardeo.
Las opiniones vuelan contradictorias: que desalojamos, que nos quedamos, que me quiero ir a mi casa, que... Les digo que nosotros aguantaremos trabajando en la práctica, como los músicos del Titánic. Que escribiremos hasta morir. Pero la gente no quiere morir, al menos no quiere morir hoy, ¡qué cosas! La mayoría deja el edificio.
(de Eresfea)
Gente triste, tristes asesinos. Hoy han puesto una bomba en mi casa.
(de J.)
Hace años lo viví personalmente: entonces fueron varias bombas en el Edificio Central de la Universidad de Navarra y yo estaba almorzando justo enfrente, en los comedores universitarios. Recuerdo con mucha viveza la sensación de impotencia. (...)
Como siempre, la Universidad de Navarra saldrá ganando: son así de idiotas.
(de Paco)
Es el sexto atentado que sufre la Universidad de Navarra, de donde se induce que a los etarras no les gustamos nada de nada. Ellos a nosotros tampoco nos gustan en absoluto. Esa cadena de atentados es un cursus honorum para los que amamos la libertad. La diferencia es que nosotros les perdonamos de antemano, también este atentado y también lo haríamos si se hubieran producido muertos. Mi mujer tenía clase en el Central una hora más tarde. Hubiera pasado por allí mismo. Pero insisto en el perdón.
(de Álvaro)
La Universidad es el lugar del pensamiento, del diálogo, de la razón. Quienes trabajamos aquí sabemos que ese es el motivo de que quieran acabar con nosotros, pues representamos valores diametralmente opuestos a los de ETA. Y a mucha honra.
(de Ramón)
Iré a dar una clase dentro de un mes, ahora con muchas más ganas de las que ya tenía, para hablar a los alumnos de Periodismo de algunas pequeñas historias en las que late la vida. Lo mejor de la vida.
Los tristes sicarios de la muerte no tienen ni idea de todo esto. No pueden entender nada. Tienen el cerebro podrido de odio y mentiras. Nunca comprenderán los motivos por los que la Universidad se recuperará del golpe y seguirá trabajando, como lo ha hecho tras los seis atentados que ha sufrido.
(de Ander)

Gracias por las palabras. Y la compañía.