18.11.08

Los diarios y las alturas

Tampoco era una gran cumbre la que me llevaron a ver el sábado: 1.054 metros, un paseo, decían los asiduos. En realidad no era nada, pero en el pico Monsacro, quizá por el silencio, uno se siente suficientemente lejos como para comenzar a pensar que la vida es algo que sucede abajo, y que eso de ahí arriba, en el silencio, nada tiene que ver con lo que repta por el suelo.

Ya en la bajada, al ver de lejos un hombre tumbado en la hierba al lado de una mujer, me imaginé que habrían subido precisamente por eso, por el alejarse. De más cerca, vi que el hombre tumbado leía un diario, que teóricamente lleva dentro aquella vida que repta por el lejano suelo.

Entonces ya no supe si podía seguir pensando lo mismo, si era posible que el hombre anduviera huyendo de aquello mismo que le veía degustar. Quizá esa especie de versión portátil de la vida no se parece tanto al original como se dice, y uno puede sentirse lejos pese a sostenerla en las manos. O tal vez sí es como la vida, pero en páginas, lo que otorga la tonta oportunidad de saltar a lo siguiente, o incluso a lo de otro. Tal vez eso permita disfrutar con tanta placidez aquello de lo que se huye.

Evidentemente, también puede que no se trate de nada de lo anterior, o sólo de una pequeña parte de todo. Pero creo que si comprendiera mejor a ese hombre que subió hasta allí con un periódico a leerlo en la hierba, entonces sabría algo más acerca de en qué consiste mi oficio.