16.6.09

Literatura embotellada



Waclaw Sobczak, polaco, 86 años, tiene en las manos su propio mensaje en una botella enviado desde la muerte, que es desde donde se envían todos los mensajes embotellados. A veces la muerte es una isla que nadie va a encontrar nunca; a veces el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.

Tiene también en las manos la mirilla inalcanzable de cualquier escritor, por la que ver sus palabras al otro lado de su propia muerte. Recuerda lo que buscaban cuando su compañero Bronislaw Jankowiak escribió a lápiz siete nombres el 9 de septiembre de 1944:
“Queríamos que quedara algo de nosotros”. Palabras contra el tiempo. Un inventario (número de identificación, nombre, lugar de nacimiento), una letanía, versos sueltos. Escribir para no desaparecer.

Sabía lo que querían entonces, cuando estaban muertos (“nos podían matar en cualquier momento y sin ningún motivo; creíamos que nunca sobreviviríamos a ese infierno”), y ha visto ahora, con su propio mensaje en las manos, cómo ha funcionado su artefacto literario.

Lo ha visto él, que sabía, y también el único francés entre los seis polacos de la lista, que nada sabía. A Albert Veissid, 84 años, el mensaje de la botella recién encontrado en un muro de hormigón cercano al campo de Auschwitz-Birkenau le llegó como llegan los mensajes embotellados: con la sorpresa de lo imposible. Y también como llega la literatura certera: con la potencia de abrir todo un mundo.

Veissid no sabía que su nombre figurara en ninguna lista escondida. Desconocía que existiera un papel que pudiera hablarle como lo ha hecho este escuálido inventario. Ahí le ha reaparecido completa la historia de cuando él, judío francés, se arriesgaba a esconderle mermelada robada a seis católicos polacos en un campo nazi; a veces a cambio de algo de sopa que a ellos les sobraba. “Supongo que lo hicieron como reconocimiento a que arriesgaba mi vida”, dice Veissid.

Eso también lo ha visto Sobczak en su propio mensaje en una botella, el imposible que sostiene en las manos, lo que ha quedado de ellos después de aquella muerte.

[gracias a Ander, que me envió la historia]