27.10.09

El globo de Ric


En realidad, en la peripecia fingida del niño del globo, quizá lo que deberíamos ver es el primer gran aviso sobre el advenimiento de la propiedad estatal de la ficción. Sobre todo si la ponemos al lado de la peripecia de fingimientos del gutural Ric Costa. No hay aquí tanto de moral y decencia, como de pelea de patio de colegio. Tenemos –fíjense bien– a las fuerzas públicas peleándose con un niño de 6 años por un globo plateado, que es esa ficción que permite abandonar la realidad del suelo y sobrevolar maizales y naves de ganado en granjas apartadas. Incluso si, como hizo Falcon Heene, uno se queda escondido en un desván mientras el globo vuela vacío. Pura ficción. Para todos, se pasó cinco horas volando: lo vieron en directo por televisión.

Otra cosa es sin embargo lo de Ric Costa y su puesto en el PP valenciano. Él (y todos) dice que ha dejado de ser secretario general, todos miramos el globo durante unas cuantas semanas, y de repente se cae el globo y al estrellarse en forma de documento, queda a la vista que Ric Costa seguía escondido en el desván del partido y el globo volaba vacío. Pero no pasa nada. No va a llegar el sheriff del condado a recitarle a sus padres (Camps y Rajoy) la lista de cargos que puede mandarles una temporadita a la cárcel. Los Heene, en cambio, podrían terminar pasándose entre dos y seis años entre rejas. Urdieron lo del niño desvalido atrapado en un globo que flota a la deriva y luego es sólo un niño travieso casi brillante, para vender un reality show. Para triunfar en la tele. Pero lo hicieron en plan sociedad civil, con sus manitas, sus tijeras y los retales que tenían por casa; sin pasar antes por la preceptiva ventanilla de subvenciones y ficciones. Ahí es donde Camps y Rajoy no van a tener problema con el refulgente globo Infiniti del pequeño Ric Costa. El reality de los partidos constituye una parte medular de la parrilla de la programación estatal. Reality de prime time, vamos. De capítulo diario y breve resumen después de comer.

En cambio, los Heene lo tienen fatal. Lo intolerable no es la mentira, sino que alguien ose tomarse el globo por su mano. Porque empieza a quedar bastante claro que el monopolio del reparto de globos está en manos del Estado. Parece una bobada, pero resulta ser otro paso hacia el dominio de la realidad, esta vez a través del manejo de la ficción. O el aerostatismo.