21.1.10

Bajo el semáforo, de repente

La otra noche atravesamos Madrid con Claudia ardiendo de fiebre en el asiento de atrás. Conducía veloz y quejoso. De tener que cruzar la ciudad pese a que existen dos hospitales más cerca de casa, de dos conductores torpes que nos retrasaban, de los semáforos lentos. Hasta que ya muy cerca del hospital, detenido bajo otro más en rojo, pensé en Haití. Y, bueno, eso.