22.1.10

Los peluquines comunistas



Cuando le alcanzaba ya la desaparición, a Llamazares han venido a salvarle sus pelos en la cabeza de otro, del mismo modo que a Carrillo los pelos de otro en la suya le ayudaron a colarse en España poco después de la muerte de Franco. Aunque él ha dado los pasos al revés. La peluca de Carrillo se hizo célebre después de haberle escondido de una persecución durante casi un año. Llamazares, sin embargo, empezó a buscar una persecución después de toparse con su peluquín sobre la cara de un presunto Bin Laden.

“No creo en las casualidades, y menos de los servicios secretos americanos”, dijo. Casi con delectación por la propia existencia de esos servicios secretos americanos. ¿Qué sería del aspirante a perseguido sin perseguidor? Quizá por eso pidió también enseguida una investigación para dar brillo al meollo de su gran historia: “Si los izquierdistas formamos parte de los archivos del FBI, norteamericanos o de cualquier parte”. Uno se lo imagina casi cruzando los dedos deseando que realmente exista un dossier con su nombre y algunas fotografías borrosas y de lejos, tomadas como entre ramas. Aunque no fuera en los cajones del FBI. Aunque se encontrara, ya dice él, en “cualquier parte”. Pero en la carpeta en la que caen los izquierdistas, eso sí. Asistimos a la forja de un yo inexistente en sus enfáticas críticas de la “utilización sectaria e ideológica de los servicios policiales, al calor de la guerra preventiva”. Contra un terrible enemigo, ese diputado tocado ahora con la que ya es la peluca de Bin Laden, bajo la que esconde más de lo que parece, no se crean. Si no, ¿por qué tendría el FBI que verse obligado a usar contra él “el prejuicio y el sectarismo ideológico”? Y así, aferrado a su peluquín canoso, Llamazares intenta trepar, pelo a pelo, hasta lo más alto: “Quiero las excusas del Gobierno americano y del FBI”, ha dicho. También ha escrito muchas cartas: a los espías, al embajador estadounidense en España y a la presidenta del Congreso de allí. Y avisa: “Un diputado del Parlamento español debe tener respuesta por parte de los diputados americanos”. Como si las canas, que en realidad son ya las de Bin Laden, acabasen de convertirle en eso.

Carrillo necesitó los pelos falsos para burlar los últimos restos de franquismo hasta caer detenido, con peluca incluida, en diciembre de 1976. Seguramente se trate de una peripecia más profana que la más poética de este otro comunista, que intenta esquivar al olvido bajo el peluquín de Bin Laden.