5.10.10

La vida en las palabras

Mis padres hablaban entre sí alemán cuando querían que no les entendiera. Con nosotros, los niños, y con todos los familiares y amigos hablaban español. Esta era la lengua habitual, un español arcaico, desde luego, que más tarde seguí oyendo y nunca he olvidado. Las muchachas campesinas de casa solo hablaban búlgaro, y sin duda yo lo aprendí principalmente con ellas. Pero como nunca fui a una escuela búlgara y abandoné Rustschuk a los seis años, muy pronto lo olvidé por completo. Todos los hechos de esos primeros años se producían en español o en búlgaro. Más tarde se me tradujeron en gran parte al alemán. Solo sucesos especialmente dramáticos como un asesinato o un crimen, y los terrores más extremos se me han quedado grabados textualmente en español, muy precisos e indelebles. Todo lo demás, es decir, la mayor parte, y especialmente todo lo búlgaro, como los cuentos, lo llevo en la cabeza en alemán. (...) Los hechos de aquellos años están presentes en mí con toda su fuerza y frescura, me he alimentado de ellos más de sesenta años, aunque en su gran mayoría están vinculados a palabras que no no conocía entonces.
(La lengua salvada, Elias Canetti)