5.4.12

Un ABC chiste de Mingote


El último chiste lo dibujó Mingote, ya muerto, no en el diario que lo despedía, sino sobre la propia redacción que compuso ese ejemplar. En el archivo de ABC se buscaban el martes viñetas de Mingote que acompañaran bien a las informaciones del día de su muerte, un día al azar, que es cuando se muere la gente de a pie que no aspira a engordar efemérides. Había para cualquiera.

Enseguida se extendió la incómoda convicción de que Mingote, en efecto, lo había dibujado ya todo, algo que había circulado muchas veces antes como chascarrillo. También la inversa: en realidad lo que pasa es que ya todo ha sucedido, y se ha contado. No sólo eso, sino que un solo hombre, quizá un genio, sí, se había bastado para reírse de ello. El gran reidor.

Mingote se iba y la construcción de su despedida dibujaba una de esas escaleras suyas que no iban a parte alguna, que es donde esa búsqueda de la sorpresa que son los diarios se desvanece cuando la sorpresa ya resulta imposible. La propia redacción era, sin percatarse, la broma del día en que el cajetín habitual de su vieñeta se publicó vacío.

Ya advirtió Mingote que él de donde sacaba los chistes era de los periódicos.