5.3.04

Los raíles 2

Tengo la misma historia vista desde más lejos y también desde más cerca, conmigo de personaje, incluso. Pero prefiero ésta del metro, que es la que menos se cree todo el mundo. Sucede cuando la angustia se escribe en un expediente. En ese caso –es lógico– sólo pueden suceder dos cosas: se multiplica la angustia hasta hacerla imposible, o se desintegra el expediente.

Después de que muriera aquel niño de cuatro meses en un andén del metro, con la madre encerrada alejándose hacia la siguiente estación, se pusieron a investigar si había sido culpa de la empresa de transportes. O eso se dijo. No porque no investigaran, sino porque, después de leer las conclusiones parece que no fue eso lo que miraron. Se dice que todos los sistemas de protección funcionaron como debían, como estaba previsto. Las puertas no están preparadas para permanecer abiertas si en su camino se entromete algo fino, como una tela, y no hicieron aquello para lo que no estaban preparadas. Si hubiera sido un brazo, no se habrían cerrado. También el conductor hizo lo que se esperaba que hiciera: arrancar si no se le encendía la luz que indica que ha quedado un brazo, por ejemplo, entre hoja y hoja de la puerta. Incluso los frenos de emergencia funcionaban correctamente. No estaban estropeados. Lo que sucedió es que los viajeros no acertaron a tirar de la palanca que debían, qué se le va a hacer. Así que, claro, el metro no tuvo culpa de los golpes que mataron al bebé contra el costado del vagón. El metro cumplió lo que había dicho que cumpliría. Y eso es lo que investigaron. No rompieron ni una sola de sus normas, así que el problema salió de otro lado.

Esas normas son una especie de cuadrícula que dibujaron en el suelo, con ellos dentro, y que se propusieron no abandonar. Mientras no lo hagan, todo irá bien. Para ay de quien la abandone. Eso lo ven muy fácilmente los que investigan, porque es lo único que miran: no les compete el tamaño de la cuadrícula, que puede haber quedado grande o demasiado pequeña, como para que no quepa la angustia, y tenga que pisar fuera de la raya.